Un mes tocando la guitarra.

Cuando tenía unos 13 años, los Reyes Magos me regalaron una guitarra. Yo quería aprender a tocarla para poder cantar las canciones que más me gustaban; es decir, no es que quisiera volverme un virtuoso.

En el colegio en el que estudiaba, un profesor de Literatura daba clases de guitarra clásica. Para resumir mi experiencia, durante un mes tuve tiempo suficiente para darme cuenta de que así no iba a conseguir mi objetivo hasta que pasase mucho tiempo. Fue decepcionante, aburrido y exageradamente complicado. ¿Por qué enseñarme las escalas y obligarme a practicarlas sin más hasta la saciedad? Está bien aprender las notas pero… ¿podemos hacerlo con una canción, por favor?

Quizá algún lector esté negando con la cabeza como diciendo: “Vaya inmaduro. Con esa capacidad de esfuerzo es normal que no aprendiese nada.” En mi defensa diré que no debemos confundir motivación con esfuerzo. No es que me esforzase poco, es que no me motivaba nada. Si alguien piensa que esta es una fase por la que hay que pasar sí o sí para hacer algo como lo que yo quería… que siga leyendo.

Continué mi vida pensando que la guitarra era más difícil de lo que yo imaginaba y creyendo que jamás podría tocarla tan cómodamente como para amenizar una tarde con amigos, conquistar a una chica con una canción, o encerrarme en mi habitación a disfrutar de mis canciones preferidas. Mi guitarra acabó en un armario donde pasó los sucesivos años… hasta hoy.

El 27 de noviembre de 2015; es decir, hace poco más de un mes, sucedió algo interesante. Hablando con una amiga y coachee (el que tiene un coach), descubrí que tocaba la guitarra desde que era pequeña. Le hablé de aquello que dijo Anxo Pérez en la conferencia de hace unos meses a cerca del sistema que usaba para aprender cualquier cosa. Él lo demostró tocando al piano canciones que pedía el público. No las había tocado nunca pero las había escuchado. En cuestión de segundos, se figuraba los acordes que encajaban con la canción y… ¡la tocaba en directo!

Yo personalmente estoy probando su sistema para aprender inglés, pero lo que me impresionó fue lo que dijo: si te aprendes cinco o seis acordes puedes tocar 2.000 canciones. Pensé que no sería del todo verdad, seguro que había alguna pequeña trampa.

Evidentemente, le pregunté a mi amiga hasta qué punto era esto cierto. Necesitaba la opinión de un experto. Ella me dijo que era totalmente cierto.

¿¿¿QUÉÉÉÉÉÉ???

Al instante saqué mi guitarra del armario, me enseñó cuatro acordes y me demostró qué podía tocar la guitarra sin necesidad de empezar por lo más difícil. Volviendo a mi historia del principio, yo diría que ese fue el problema. No se puede empezar por lo más difícil, tedioso y, por ende, aburrido. ¡Eso desmotiva a cualquiera! Sé que hay gente que continuaría aún así. Si les compensa… bien por ellos. A mí, desde luego que no. O me divierte y alegra los días o no quiero saber nada de ello. Se supone que la guitarra me iba a hacer feliz.

Ahora me hace feliz. En un mes de guitarra he aprendido muchísimo, y lo que es más importante… toco canciones que me gustan. Se han caído esos mitos estúpidos que creí de niño: primero, puedo sincronizar mano derecha e izquierda, y cada vez mejor aumentando la dificultad; segundo,… ¡¡puedo cantar y tocar a la vez!! Yo pensaba que eso sería imposible, pero lo hice desde el principio.

La primera canción que aprendí fue una compuesta por Ed Sheeran. En solo trece días la tocaba y cantaba con una soltura asombrosa. Me encantó verme en esa situación. Incluso me permitía hacer cambios y versionarla. ¡¡Trece días!!

Encontré en YouTube a Carlos. Un profe de guitarra con unos vídeos en la red que facilitan muchísimo el ponerse las pilas. Con gracia, explicaciones sencillas e imágenes, consigue que toques la canción en cuestión de media hora -y eso siendo un iniciado, como yo-. Su web es www.guitarraviva.com y se la recomiendo a todo aquél que quiera empezar a tocar la guitarra. ¡Vaya crack!

 

¿Qué me empujó a volver a tocar?

 

Fue un cúmulo de varios factores:

  • Necesitaba un cambio, coincidiendo con una momento de mi vida bastante crucial e importante. Emprender algo nuevo me ayudaba a avanzar.
  • Mis ganas de derribar mitos infundados y crecer, desarrollando mi máximo potencial, desafiando creencias limitantes.
  • Las ventajas de fomentar mi Inteligencia Musical (importantísimo).
  • Mis ganas de tocar música e interpretar mis canciones favoritas.
  • Prepararme para recibir el año nuevo con un instrumento para aprender durante el transcurso del mismo.
  • Añadir un nuevo modo de reflexionar, relajarme y estar conmigo mismo, conectando con lo que vibra en mi interior.

 

Para mí, la música, también contiene en sí misma una verdad que conecta con El Cielo. A veces sencillamente toco notas al aire para escucharlas hasta apagarse. Me transporta a ese estado de seguridad y paz que todos necesitamos. Es hipnótico. ¡Me encanta! Es una herramienta más para el autoconocimiento y la unión con Dios.

Poco a poco iré aumentando la dificultad técnica para poder disfrutar plenamente de la diversidad de este instrumento.

Como conclusión a mi primer mes tocando la guitarra diré que estoy contentísimo. Se puede tocar y disfrutar desde el principio. Siento que estoy aprovechando el tiempo y tengo ganas de más. ¡Incluso me estoy atreviendo a componer!

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Guitarreo matutino en mi despacho.

Pronto publicaré un post con las ventajas de tocar música, por ahora… os recomiendo que empecéis. Coged ese instrumento que tenéis por ahí abandonado o comprad uno de segunda mano para que os salga económico, y empezad a tocar.

Como dicen mis amigos: “Muy raro tiene que ser tu problema para que no haya un tutorial en YouTube de un sudamericano solucionándolo”. Y es verdad. Hoy en día aprendes muchísimo en YouTube y en el resto de páginas.

Te animo a que toques un instrumento y me cuentes qué tal, cómo te va, que sientes y demás.

 

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