Tu mente: un jardín extraordinario.

Uno de mis libros favoritos es El Monje que vendió su Ferrari. En él se expone una metáfora maravillosa: se compara la mente con un jardín extraordinario.

 

Me parece uno de los mejores símiles que podría haber, y es que… “si cultivas tu mente, si la nutres y la cultivas como si fuera un fértil jardín, florecerá más allá de tus expectativas”.

 

Del mismo modo, si echas residuos tóxicos en tu jardín se irá al traste, no florecerán tus plantas y tus árboles no darán fruto.

 

¿Qué son los residuos tóxicos? Preocupaciones, ansiedades, nostalgia del pasado, cálculos del futuro y los miedos que esos cálculos alimentan, etc… En definitiva, todo aquello que destroza el mundo interior de cualquier persona.

¿Te das cuenta de la cantidad de residuos que la gente echa en su jardín a diario?

 

Ahora que lo estoy leyendo de nuevo (por 4ª vez) he recordado algo que, a lo largo de este año, había olvidado. Con todo el estrés que entrañan las nuevas decisiones que implica mi nueva vida en Pamplona he pasado momentos de verdadero malestar.

 

El caso es que he bajado la guardia. He permitido que las preocupaciones y las películas que se monta mi mente a base de miedos e inseguridades hagan mella y destrocen una buena parte de mi jardín. Esto se refleja en mi manera de pensar, planificar y actuar. También afecta a la manera en la que me siento conmigo mismo y con las situaciones que la vida me ofrece. Me pierdo los grandes regalos de la vida y no estoy en buenas condiciones para dar lo mejor de mí mismo.

 

Robin S. Sharma dice en su libro “La preocupación priva a lu mente de gran parte de su poder y, antes o después, acaba dañando el alma”.

Portada el monje que vendió...

Portada del libro.

Las personas de éxito, satisfechas y felices con su vida adoptan un paradigma positivo de su mundo y cuanto hay en él. Es lo más importante para vivir plenamente, disfrutando de todo tu potencial humano y saboreando la danza mágica de la vida.

 

¿Cuántas veces se nos presentan oportunidades maravillosas en la vida y, en lugar de suponernos solo motivos de alegría, nos atacan las preocupaciones?

 

Ahora que he decido irme a estudiar cuatro años a Pamplona, surgen en Madrid varias oportunidades buenísimas para mi desarrollo profesional. Una de dichas oportunidades podría ser de las que te dan un buen impulso.

 

Esto me supuso en julio un estrés bestial. Aunque todavía no tengo todos los cabos atados, se ha resuelto que… puedo hacerlo todo.

¡Resulta que puedo compaginarlo todo!

 

Fíjate la angustia que podría haberme evitado. Probablemente, habría llegado a esta solución antes y de manera más efectiva. Y esto es solo un ejemplo.

 

Gandhi dijo: “No dejaré que nadie camine por mi mente con los pies sucios”. Es más de lo mismo. Recuerdo un tiempo en que yo era verdaderamente selectivo con lo que dejaba entrar en mi mente, con aquello a lo que le dedicaba tiempo. He bajado la guardia y he prestado atención a las preocupaciones en lugar de a los hechos y a mis capacidades.

 

La preocupación, el miedo e inseguridad, no permiten a nadie desarrollar todo su potencial y disfrutar de ello.

 

Las tornas han cambiado. Aunque me cueste recuperar mis hábitos de pensamiento, voy a hacerlo. Son maravillosos y siempre me han llevado hasta donde he querido. Nunca me fallan. Gracias a esa actitud natural en mí he logrado todo cuanto he querido. Forma parte de mi identidad; y digo más, forma parte de la identidad de todos y cada uno de nosotros.

 

Seguro que recuerdas momentos en tu vida en que tuviste tus estándares bien altos, en los que apostabas por algo importante y soñado, en los que sabías que tanto si el resultado era el esperado o no, era justo lo que tenía que pasar y así estaba bien. Eso no afectaba tu paradigma del mundo, seguías adelante bien optimista.

 

Grábate esto: administrar tu mente es administrar tu vida. Vivir ignorando el verdadero poder de la mente es perderse lo más importante.

 

Julian Mantle, el monje que vendió su Ferrari, nos enseña que lo que separa de veras a las personas alegres u optimistas de las que están sumidas en la desdicha es la forma de interpretar y procesar las circunstancias de la vida. Cuando consigas arraigar el hábito de buscar lo positivo en cada circunstancia, tu vida pasará a sus dimensiones superiores.

 

Y si estás en un mal momento (créeme, yo lo he estado hace poco), recuerda que la mayoría de la gente ha sacado lo mejor de sí misma a través de las experiencias más sugestivas y difíciles.

 

A partir de ahora, deja en pausa ese pasado y empieza a amar otra vez la vida y a gozar de sus maravillas. Que eso no dependa de las dificultades y problemas de la vida, sino que sea tu paradigma, el filtro por el que ves el mundo. O, mejor dicho, la visión natural del mundo, sin filtros. Apuesto a que es la visión más en sintonía contigo, está en tu naturaleza.

 

Jonas Salk dijo: “He tenido sueños y he tenido pesadillas. Superé mis pesadillas gracias a mis sueños”. Así que empieza a vivir de tu imaginación y no de tus recuerdos.

 

Para acabar con esta exhortación a recuperar tu esencia de pensamiento y a cuidar con celo tu hermoso jardín me gustaría enseñarte una palabra que aprendí este año. Se trata del antónimo de paranoia.

 

PRONOIA: La creencia o convencimiento de que el universo o una fuerza superior a uno mismo “conspira” a favor de uno procurándole, así, toda suerte de facilidades para el logro de sus sueños.

 

Trabaja hasta que tu mente sea la de uno pronoico (siempre de manera funcional, por favor).

 

¿Qué opinas de todo esto? Déjame tu comentario aquí abajo y comparte este post con todos los que quieras 😉

 

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