Soy pésimo en matemáticas… ¡Ya será para menos!

Seguro que no es la primera vez que has creído que algo era un problema y, sin embargo tenía fácil solución. Y es que vivimos condicionados por nuestras creencias. Las creencias son juicios, convicciones y evaluaciones sobre nosotros mismos, los demás y el mundo que nos rodea.

Nosotros solemos dividir las creencias entre potenciadoras y limitantes. Las creencias potenciadoras son aquellas que te mueven y te acercan hacia tu objetivo, nos descubren nuestras capacidades reales y nos proporcionan recursos para el éxito. Las creencias limitantes hacen todo lo contrario, son convicciones irreales de nosotros mismos que nos alejan de nuestro objetivo. “No puedo” es una creencia limitante, por ejemplo. Sin embargo, “Tengo y puedo crear todos los recursos que necesito” es una creencia potenciadora.

Las creencias son como una mesa. Digamos que tienes un pensamiento en concreto, y este pensamiento se va sosteniendo por unas patas cuya materia prima son las experiencias. Si tienes muchas experiencias que avalan ese pensamiento, al final esa idea se sostiene por sí misma. Así se crea y se afianza una creencia.

 

Este es el aspecto de una creencia, jajaja.

Este es el aspecto de una creencia, jajaja.

Hace poco oí a una profesora contar una historia con la que me sentí profundamente identificado debido a que teníamos la misma creencia limitante: “Soy pésimo en matemáticas”. Desde pequeña le dijeron que se le daban mal (pata para la mesa), ella vio que le costaba horrores comparado con el resto (pata para la mesa), no entendía a su padre cuando le ayudaba con los deberes (pata para la mesa) y demás experiencias (muchas patas más para la mesa). Cuando accedió a la universidad a través de un grado superior de FP debido a que en Bachillerato no pudo aprobar las mates… resultó que tenía estadística como asignatura. Automáticamente se le cayó el mundo encima. Otra vez aparecían las matemáticas.

¿Sabes qué ocurrió? La profesora se encargó de mostrarle evidencias de que no se le daban mal las matemáticas, de que eso era una idea que se había creído ella. Y de ser una chica de 3-4 de nota media, pasó a un 8 en la asignatura que peor se le iba a dar de la carrera. Tenía una creencia limitante formada por muchas experiencias que sostuvieron un pensamiento que se le cruzó una vez. Mesa con muchas patas.

Matemáticas

¡Sí, amigos…!

¿Cómo se acaba con una creencia limitante?

¡Sencillo! Busca evidencias que demuestren lo contrario. En cuanto veas que se puede demostrar lo contrario te cuestionarás si es verdad eso que has creído siempre. Sigue buscando evidencias hasta que te convenzas de lo opuesto a lo que te creías que era la realidad y convierte todo eso es una creencia potenciadora.

En mi caso, he dado un curso de educación financiera con éxito y sé, que si me pongo podría entender muchas cosas de las matemáticas que no entendía de pequeño, como ya he podido comprobar varias veces. Además, saqué mejores notas en la asignatura en cuanto tuve un pedazo de profesor en el instituto. Un profesor al que le gustaba la magia, además 😉 De modo que tengo varias evidencias que demuestran que no se me da tan mal como creía, jaja. Ahora no me asusta tener que hacer números, e incluso me gusta calcular futuros ingresos.

Tenemos muchas creencias limitantes respecto al trabajo, a la salud, a la amistad, el amor, el dinero, uno mismo, etc. Párate a pensar en cuales rigen tu vida y cámbialas por creencias potenciadoras para que puedas sacar el máximo de tus capacidades.

 

¿Qué creencias limitantes tienes?, ¿Cuáles son tus creencias potenciadoras?

 

2 Comentarios

  1. Becky Sharp

    Pues te cuento, verás. Tengo una asignatura que se llama Linguística; y me mandaron leer un texto titulado “Lingüística Aplicada”. Pues bien, me pongo a leer el texto y ¿entiendo algo? noooo. Todo me suena a chino. Lo leo una segunda vez y nada de nada. Lo leo una tercera vez y parece que tiene algo de sentido. Total; aguanto cual numantina y melo leo veinte veces (el número es exacto). ¿Qué pasó a la vigésima vez? Pues, aparte de lucirme en la pregunta del examen que trataba sobre ese tema (ramas y divisiones del lenguaje y Lingüística aplicada son la misma cosa) hice un trabajo final en el que se notaba que lo había entendido todo (incluso me sabía un montón de nombres técnicos). Mi conclusión: es cierto que cuando te enfrentas con algo que te parece que no está al alcance humano te da miedo, pero vences ese miedo y ¡logras tu objetivo! (en mi caso era comprender un texto que no parecía estar escrito en cristiano…). Es decir, los retos que parecen muy difíciles, te pones a ello con voluntad y lo logras; y te sientes bien contigo mismo, te sube la autoestima… Esa era mi creencia limitante, creer que nunca entendería ese texto. Y mi creencia potenciadora es que si te lees un texto veinte veces, acabas entendiendo cualquier texto, por muy difícil que sea 🙂 Bueno, espero haber aportado algo, jejeje ¡un saludo!

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    1. Max AllenMax Allen (Publicaciones Autor)

      Jajaja, me gusta esta anécdota. ¡Muy bien! Efectivamente, a los comienzos de cualquier reto, las creencias limitantes nos asaltan. Hay que buscar evidencias que las desmonten y seguir adelante 😉

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