El Punto de Inflexión

En el pleno inicio de mi cuarto septenio (ya explicaré por qué mido la vida en septenios) he experimentado un punto de inflexión bastante importante. Noté el verdadero cambio en julio de éste verano (2014), ya que se dio un cúmulo de sucesos mágicos. Deja que te explique:

De entrada me corté el pelo, jajajaja. Puede que parezca una tontería (de hecho… puede que lo sea), pero después de casi tres años de vida circense y melena recogida en una coleta, llegó el momento de volver a las andadas. Lo que me hizo tomar esta difícil decisión fueron dos factores:

  • Hice un campamento de 4 días en junio y me moría del calor. Pensé «Me queda todo julio por delante… ¡no aguanto otro campa así ni con esfuerzo! Jajaja»
  • Acabé la escuela de circo, fin de una etapa de tres años. Una etapa de aprendizaje, de vivencias y de reflexión. Cortarme el pelo marcaba la diferencia, y además me lanzaba al «mercado» con las chicas (algo con lo que no contaba y que sin embargo sucedió) después de tres años sin que me interesase mucho. Ya digo que el repentino cambio no estaba en mis planes.

En julio entré a trabajar como monitor con la que, en mi opinión y en la de muchos, es la mejor empresa de Ocio y Tiempo Libre: NatuAventura. Gracias a un verdadero colega conseguí entrar bien en la empresa. Trabajé las dos primeras decenas, volví a mi casa a descansar cinco días y me cogí un bus de vuelta a Cabárceno para poder pasar los últimos cinco días del mes con mis amigos y con los nuevos chavales.

¡La primera decena fue maravillosa! Tenía muchísimas ganas de trabajar de monitor bajo la coordinación de Manu, el amigo que me quiso meter en su equipo. Con él las cosas fluyen y nos entendemos muy bien. Además, yo estaba atento a todo lo que me pidiesen y ha hacerlo todo perfecto, no quería decepcionar a nadie. Él se encargó de que me relajara y pudiese dar rienda suelta al «buenrrollismo» tanto con los acampados como con los monitores. Por otro lado, vi como mi amistad con Manu crecía aún más; y es que la Amistad es uno de los valores más importantes de la existencia para mí (ya lo irás notando con el tiempo). Nuestras largas conversaciones, su manera de preocuparse por mi bienestar, etc. Descubrimos que, en muchos aspectos, somos muy parecidos.

En la segunda decena… flojeé. Estaba cansado y los diez primeros días habían dejado un listón muy alto. Tampoco supe administrarme los tiempos de descanso (en la primera a penas descansé) y eso hizo que no pudiese rendir todo lo bien que me habría gustado, en la segunda. No obstante, conocí compañeros nuevos que acabaron siendo amigos, encontré acampados que no me dejaron indiferente y conocí a una chica fantástica.

Tanto la primera como la segunda decena supusieron un «subidón» de madurez. Igualmente, pude ver algo muy curioso. Experimenté la madurez mientras sucedía. Normalmente, nos percatamos de un cambio en nuestra persona y decimos: «Vaya, he madurado». En mi caso siempre fue así. Pero éste julio, he «pillado» a la madurez haciendo de las suyas en mí. Tenía la certeza de que pasado un tiempo, vería esa etapa como un momento en que se labró parte de mi madurez personal. Y así ha sido 😀

He podido observarme a mí mismo, ser consciente y conocerme un poco más. Me he visto en situaciones que no me habría visto nunca y en otras en las que hacía tiempo que no me veía (mi reacción ante las mismas situaciones en distintas épocas de mi vida me encanta), he aprendido de los chavales (que nunca dejan de enseñarme) muchísimas cosas, mis amigos me han enseñado también esencias de la vida, he actuado con mi show de magia unas 6 veces, he pasado un mes en el norte (que me gusta cantidad), se han cruzado en mi camino gente con gran valía como Koat, Morata, Cris, Alicia, Sara, etc.

Cuando acabé la segunda decena, regresé a casa para descansar, ver unas cuantas personas que tenía que ver y resolver unos cuantos asuntos que debía resolver para poder crecer aún más. También hablé con mi familia sobre «Vera Anima» y de lo que pretendía construir. Les pedí apoyo e interés por su parte.

Volví al campamento de visita los últimos cinco días para terminar de vivir una experiencia importante, llevarme algunos disgustos, reforzar aún más las amistades habidas y observarme en una nueva tesitura. Puedo decir con seguridad que ¡hasta el último segundo de este capítulo ha merecido la pena!

Aun con todo, no os he hablado (y seguro que él está expectante por aparecer por aquí) del que ha sido la piedra angular: ¡Miguel! Mi subcordinador de equipo fue Miguel Ángel, un tipo con el que congenié desde el principio. Lo que ninguno de los dos esperábamos es que de éste encuentro surgiese una amistad tan fuerte. En tan solo unos días, Miguel y yo hablábamos de todo con total confianza, nos apoyábamos el uno en el otro, compartíamos bromas, risas, anécdotas,… Y nació entre nosotros una complicidad bestial. Él me ha enseñado multitud de cosas; desde técnicas y maneras del mundo del monitor y los campamentos hasta pensamientos, puntos de vista, etc. Solamente su historia personal está cargada de sutiles lecciones. Sin lugar a dudas, su amistad es muy constructiva para mí.

Hoy por hoy, Miguel Ángel se ha convertido en un socio de la vida. También es socio colaborador de Vera Anima (lo veréis por aquí) y pasamos todo el tiempo que podemos juntos (tratando de no enfadar a su novia, jajaja). Intentamos vernos una vez por semana como mínimo y montar planes en común.

Dicho esto, para los más graciosillos, añadiré: NO, No estamos enamorados, jajaja XD.

Dejadme que concluya con una recopilación de las partes. La fuerte dosis de Crecimiento Personal de éste julio vino determinada por:

  • Los acampados.
  • Los monitores, que acabaron siendo amigos.
  • Aquella chica fantástica.
  • El trabajo en equipo.
  • Miguel.
  • La posibilidad de descubrirme en pleno proceso madurativo y poder observarme a mí mismo.

Creo que este tema es el idóneo para abrir el blog. ¡Esto no ha hecho más que empezar!

 

Miguel y yo un día de piscinita en casa
Miguel y yo un día de piscinita en casa.

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