El Mapa No es el Territorio.

El otro día estaba con mis amigos de tertulia en un garito chulo cuando surgió una conversación verdaderamente interesante.

Todo surgió a raíz de la preocupación real de una amiga que se mostraba algo angustiada por el tema de las relaciones. Se trata de una chica que lo tiene todo para enamorar a cualquiera: es atractiva, simpática, inteligente, tiene muy buen tipo y una personalidad genial. Además de un corazón que no le cabe en el pecho. En verdad, es lógico que se sienta confundida, ¿dónde está el maldito problema?

Bueno, al principio de la conversación pensamos que podía ser un cúmulo de factores los que influyesen en esa situación (podríamos hablar de esto en mil posts), pero poco a poco fuimos descubriendo que el origen de todo esto era un mapa mal diseñado. Me explico.

En coaching y PNL, decimos: “El Mapa NO es el Territorio”. Esto significa que todos y cada uno de nosotros tenemos una percepción de la realidad según la cual nos vamos moviendo por dicha realidad. Pero esa percepción con la que gobernamos nuestra vida, no es más que eso, una percepción; no es la realidad en sí.

Tu percepción se va construyendo poco a poco del mismo modo en que uno dibuja un mapa. Como ya sabrás, si tu mapa no refleja la realidad… te vas a perder. Si tu percepción de la realidad no se corresponde con lo que ésta es… te vas a perder.

Vas a seguir los caminos que indica tu mapa para descubrir que el territorio es distinto. Te encontrarás muros donde se supone que no los hay, descubrirás montañas que tu mapa no contempla, caminos que temerás recorrer porque no aparecen en tu mapa.

Respecto al tema que nos ocupó en esa conversación, hemos crecido “aprendiendo” que el amor es algo distinto de lo que en realidad es. Las historias clásicas de la literatura, Hollywood y Disney se han encargado de transmitir a todo el mundo una idea del “amor romántico”, que ni se corresponde con el amor ni con el romanticismo auténticos.

Con ese paradigma, no es de extrañar que muchas relaciones fracasen, que nos agobie la búsqueda de esa persona que nunca llega, que tantas veces creímos que habíamos encontrado para luego descubrir que no era así. Todo esto, si eres de las personas que buscan, apuestan y se lanzan al encuentro con los demás.

Si eres de las que no actúan hasta estar realmente seguras, si eres de esas personas que no han salido con nadie o casi nadie pese a todas las oportunidades que tuvo, o que no se permiten enamorarse por tener una mente muy cuadriculada,… Con el mismo paradigma el resultado será igualmente desastroso. Lo siguiente es meter la pata con una relación que no se está llevando bien, verse atrapado con una pareja que no te hace más feliz y a la que tú eres incapaz de hacer más feliz, seguir juntos en el tiempo cavando más hondo ese agujero y resignarse a una vida insatisfecha.

Por mucho que creamos en nuestra idea romántica del amor, la realidad se impone. Esto es duro, pero es real. Y diré más, no es decepcionante en absoluto, todo lo contrario. Cuando experimentas el amor y el romanticismo auténticos, descubres que son mejores que los que te tragaste en su día.

Una de las cosas que le dije a mi amiga fue: Cómo será la gente, que antes de cuestionar su mundo interior, sus creencias y paradigmas, decide achacar sus problemas a los otros. ¡Es verdad! ¿Que todas mis relaciones se van a pique? Es que los hombres son todos unos tal, es que las mujeres son todas unas cual… Es que ya no queda nadie con valores, etc… ¿De verdad?, ¿Me estás diciendo que todos los hombres o todas las mujeres son tal y cual cosa, porque a ti no te están funcionando las relaciones?

Esta reacción es normal. La gente sufre tremendas decepciones con la realidad al descubrir que es distinta de lo que esperaban. Pero nadie se plantea si, precisamente, el problema no estará en la expectativa, en aquello que esperaban encontrar. Si esperas encontrar en la realidad algo distinto a la realidad… ¿de quién es el problema? La realidad es la que es. El territorio es el que es. Si tienes un mapa que no se corresponde con el territorio… yo me buscaría otro.

¿Entonces no deberíamos ver películas de Disney de pequeños?, porque van a destrozar nuestro paradigma del amor. A ver, yo tampoco diría eso. Si no quieres que tus hijos vean pelis de Disney, está bien. A mí me encantan, así que las veré con los míos. La clave está en ir madurando a buen ritmo (cada uno el suyo). La mayoría de la gente estaciona su madurez o la ralentiza a un nivel fuera de lo común. Si de pequeño dibujas un mapa (del amor o de lo que sea) con las directrices que vas encontrando, probablemente no sea un gran mapa (solo hay que fijarse en los planos que hacen los niños de sus propias casas), pero para ese momento de tu vida te vale. Es funcional, no necesitas nada mejor. El problema reside en que uno crece… ¡y no actualiza su mapa!

Así, sucede que vas pasando por las distintas etapas de la vida con un mapa sin mejorar, sin completar, sin desarrollar, sin ampliar. Tu mapa no refleja el territorio real. Estás usando un mapa que utilizabas cuando tenías 11 años.

Y según vas creciendo y te vas dando contra los muros que tu mapa no contempla, empiezas a perder la fe en el territorio en el que estás, en lugar de pensar que tu mapa te engaña. Dejas de creer en los demás, en el amor, en tus posibilidades, etc.

Y esto, que hoy aplico al amor debido a mi conversación del otro día, se extrapola a cualquier realidad.

Amigos, amigas: El Mapa no es el Territorio.

 

mapa_amor

 

Transforma tu paradigma. Mi amiga reflexionó: <<Entonces todo lo que hemos aprendido es un fiasco, es mentira, hay que cambiarlo todo>>. Te diré lo mismo que le dije a ella: ¿Todo lo que hemos aprendido es un fiasco?, ¿Todo? Fíjate que no te digo que lo cambies, ni que lo sustituyas. Hablo de transformarlo, actualizarlo, complementarlo. No creo que haya que deshacerse de todo. Seguro que una buena parte de tu mapa se corresponde con el territorio. Lo que quizá sea una buena opción es comprobar qué partes de tu mapa no reflejan la realidad y perfeccionarlas hasta que se ajusten.

¡Ojo! No estoy hablando de renunciar a nuestros principios por mera adaptación, no, no, no. Estoy hablando, precisamente, de reconocer los principios y vivir según ellos. De reconocer lo que es verdad y lo que es una ilusión, un engaño fruto de un mapa mal diseñado, resultado, a su vez, de falsas expectativas y enormes decepciones; para poder transformar tu paradigma del amor (y de todo lo demás). Los principios son verdades profundas, fundamentales, de aplicación fundamental, como el principio de la gravedad. Un mapa según los principios en un mapa ajustado a la realidad. Stephen R. Covey dijo: “Los principios son el territorio, los valores son el mapa. Cuando valoramos los principios correctos, tenemos la verdad. […] Cuando esas verdades se internalizan como hábitos, otorgan el poder de crear una amplia variedad de prácticas para abordad diferentes situaciones”. Un mapa según los principios te va a evitar mucha infelicidad y te va a aportar las herramientas para tener la vida que deseas.

Gracias a Dios, he conocido gente muy distinta. Hablo de conocerla en profundidad. He pasado tiempo con gente de distintos mundos, de distintas culturas, creencias, estilos de vida,… He conocido multitud de paradigmas, de personas que quisieron compartir su mapa conmigo. Estas experiencias me han ayudado a contrastarlos con mi mapa, a mejorarlo, a ampliarlo, a reestructurarlo. He visto mapas confusos, mapas ordenados, mapas rígidos, mapas magullados, mapas cuidados, mapas sobreprotegidos, mapas convencionales, mapas bohemios,…

Por todo ello, hoy puedo decir con bastante seguridad que sé de lo que hablo. A mi amiga le sorprendió que hubiésemos llegado a la conclusión de que el mapa era lo más determinante para desenvolverse en el territorio a raíz de su situación. Antes me habría sorprendido yo también, pero ya cuento con una facilidad pasmosa para localizar los mapas, las creencias, los paradigmas que me rodean.

Aún con todo, no dejo de aprender continuamente por una sencilla razón: cada persona trae un mapa único con la capacidad de llevarnos hasta magníficos tesoros.

Cambiar el paradigma requiere hacer un gran esfuerzo y tener un gran valor. Todos sentimos apego por nuestro mapa. Pero todo progreso en la vida implica romper con creencias muy arraigadas, con la tradición, con los viejos modos de pensar, con los antiguos paradigmas.

Pregúntate si tus mapas actuales te ayudan a vivir la vida que quieres. Si hay algunos mapas que te lo están impidiendo… ¿Qué tendría que tener tu mapa para ayudarte a alcanzar esa vida?, ¿Qué estás dispuesto o dispuesta a hacer para cambiarlo?

 

¡Ahora te toca a ti, cuéntame! ¿Qué cambios has realizado en tus mapas?

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