“El Hombre en Busca de Sentido” ¡¡Magnífico libro!!

Acabo de terminar de leer un libro impresionante titulado “El Hombre en Busca de Sentido”. Está escrito por Viktor Frankl, un psiquiatra que fue preso en varios campos de concentración nazi, entre los que se encuentran Auschwitz y Dachau. Fue fundador de la corriente psicoterapéutica humanista conocida como Logoterapia, también llamada “la tercera escuela vienesa de psicoterapia”.

En el libro, a parte de relatar momentos y situaciones vividas antes, durante y después de los campos de concentración, describe humanamente la psicología de los presos y los guardias en aquellos lugares. Pero lo más impactante de este best-seller son esas reflexiones y descubrimientos del espíritu humano. Viktor Frankl descubrió que la necesidad existencial del ser humano es real y crucial para la supervivencia y, por supuesto, para la felicidad.

En aquellas condiciones en las que todo se ha perdido, no hay más que sufrimientos en el día a día y no conseguimos entender para qué está ocurriendo todo esto… el ser humano necesita encontrar el sentido de su existencia presente. En el caso de los presos en los campos de concentración, era común entre los que habían perdido toda esperanza y no encontraban el sentido de todo aquello, lanzarse contra las alambradas electrificadas para acabar con su vida.

¿Qué hacía que otros prefiriesen seguir viviendo? Un hijo, un amor, un talento por explotar, una tarea por acabar, etc. Es decir, aquello que dotaba de sentido a su existencia.

Esta es un descripción a grandes rasgos y en un post no puedo describir la profundidad que se haya impresa en el libro; de modo que sencillamente expondré algunas de las reflexionas que encontré con la esperanza de que os entre el gusanillo de leer esta maravillosa obra.

Viktor Frankl, en un momento en el que ya lo había perdido todo, recordó el rostro de su mujer y un pensamiento se cruzó en su mente: El amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre. Entonces percibí en toda su hondura el significado del mayor secreto que la poesía, el pensamiento y las creencias humanas intentan comunicarnos: la salvación del hombre solo es posible en el amor y a través del amor. Intuí como un hombre, despojado de todo, puede saborear la felicidad si contempla el rostro de su ser querido.”

Ella no estaba ahí presente, ni siquiera sabía si seguía viva. Pero Viktor había aprendido una realidad: el amor transciende la persona física del ser amado y encuentra su sentido más profundo en el ser espiritual del otro, en su yo íntimo. 

La auténtica libertad.

Desafió esas creencias de la psicología antigua en las que el ser humano estaba condicionado por su genética y su entorno sin posibilidad de cambiar su destino y su manera de actuar. En esas circunstancias tan opresoras en las que vivía en los campos de concentración, se puede imaginar uno la ausencia absoluta de libertad. Por no hablar de la dignidad pisoteada. No eran más que números dedicados a trabajar en la nieve sin apenas ropas y con los pies desnudos perdiendo los dedos día a día. Aún así, el se percató, junto con algunos compañeros, de que hay una mínima libertad interior. El hombre puede conservar un reducto de libertad espiritual, de independencia mental, incluso en aquellos crueles estado de tensión psíquica y de indigencia física.

[…] al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino— para decidir su propio camino.

[…] En conclusión, cada hombre, aun bajo unas condiciones tan trágicas, guarda la libertad interior de decidir quién quiere ser —espiritual y mentalmente—, porque incluso en esas circunstancias es capaz de conservar la dignidad de seguir sintiendo como un ser humano.

[…] Y es precisamente esta libertad interior la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido.

Cuando lo estás pasando mal.

Todo este conocimiento se puede extrapolar a todas las áreas de nuestra vida. Todos pasamos por esos momentos en los que sufrimos, estamos tristes, sentimos dolor. Esas situaciones en las que no nos gusta estar y, a veces no nos queda otra que seguir adelante con ello. Desde situaciones en el trabajo hasta problemas familiares, pasando por la perdida de un ser querido, ya sea porque ha fallecido o porque se ha ido.

Viktor Frankl decía que siempre podíamos elegir mantener el tipo. ¡Ojo! No significa hacerse el duro, poner capas y hacer como si nada. Como terapeuta, el era plenamente consciente de lo importante que era curar el alma y gestionar las emociones. Hablar del problema y los sentimientos que se despiertan en consecuencia. Eso es necesario si se quiere vivir una vida sana y plena. De lo que él habla es de generar esa actitud de dignidad que nos permita hacer todo lo dicho anteriormente de una manera productiva y esperanzadora. Decía: son las circunstancias excepcionalmente adversas o difíciles las que otorgan al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo.

Muchas veces, como lo pasamos mal, adoptamos papeles de víctima y nos consideramos excluidos de ese compromiso con nosotros mismos de seguir adelante, creciendo y construyendo nuestra felicidad. Pensamos que precisamente por sufrir y pasar por penosas desdichas estamos libres de la tarea de la autorealización, cuando en realidad es ahí donde se nos ofrece la oportunidad y el desafío: Cada uno podía convertir esa tremenda experiencia en una victoria, transformar su vida en un triunfo interior.

El sentido de la vida.

Entre otras muchísimas cosas hablaba de establecerse metas, de ser consciente y responsable como fundamento necesario para la felicidad. Habla de motivación, superación y libertad. En sus terapias, solía preguntar a sus pacientes aquejados de múltiples padecimientos: “¿Por qué no se suicida usted?”. Tras esa pregunta solía encontrarse el sentido de la vida de esa persona.

El sentido de la vida no es el mismo para todos. Difiere de un hombre a otro, de un momento a otro, de forma y manera que resulta imposible definir el sentido de la vida en términos abstractos.

En una parte escribe: Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud frente a la vida. Debemos aprender por nosotros mismos, y también enseñar a los hombres desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros. […] pensemos en lo que la existencia nos reclama continúa e incesantemente. Y respondamos no con palabras, ni con meditaciones, sino con el valor y la conducta recta y adecuada.

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Siempre recuerdo a mis clientes de coaching que un coach no es un terapeuta y que un proceso de coaching, aunque pudiera resultar muy terapéutico, no es terapia en sí mismo. Dentro del mundo de la psicología y la psiquiatría, la Logoterapia de Viktor Frankl es la versión psicoterapéutica del coaching. Comparte sus dos pilares —consciencia y responsabilidad— y muchas de sus actitudes y premisas.

En este post, solo he reflejado una mínima parte de la riqueza tan profunda que tiene este libro. Para todo aquel que quiera abrir su mente, desarrollarse interiormente y crecer, leedlo. Esta obra es maravillosa y está considerada una de las diez más influyentes en el pensamiento actual.

¿Lo has leído ya?, ¿Te ha entrado el gusanillo?, ¿Qué opinas de todo esto?

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